Las estaciones
No te alejes después de tanto andar.
Nunca.
Veo que los pleitos, las guerras, crean surcos destructores.
Éstos te asustan. A mí me asusta tu alejamiento.
Tu mirada se vuelve ausente, tu cuerpo tembloroso, frío.
Apenas toma fuerza para poder contener el mío, más agotado y a punto de ceder.
No cedamos. No nos alejemos el uno del otro. Nunca. Y menos después de tanto andar.
La vida es eso.
Destrucción y creación constantes.
La vida, en espera del pájaro matutino quien, en turno, anuncie con su trinar el cambio de estación. Para volver a comenzar.